Elegir entre hipoteca fija y variable es una de las decisiones que más impacto tiene en el coste total de comprar una vivienda. No hay una respuesta universal, pero sí criterios claros para decidir.
El interés se mantiene igual durante toda la vida del préstamo. La cuota no cambia nunca, pase lo que pase con los tipos de interés del mercado. A cambio, el interés fijo suele partir algo más alto que el variable en el momento de la firma, como "prima" por la seguridad que ofrece.
El interés se compone de un diferencial fijo más un índice de referencia (normalmente el euríbor), que se revisa cada 6 o 12 meses. La cuota puede subir o bajar con el tiempo según se mueva ese índice.
La fija da tranquilidad y previsibilidad: sabes exactamente qué vas a pagar cada mes durante 20 o 30 años, lo cual facilita planificar el resto de tus finanzas. La variable puede salir más barata en total si los tipos de interés se mantienen bajos durante buena parte del préstamo, pero expone a subidas de cuota que pueden ser difíciles de asumir si tus ingresos no suben al mismo ritmo.
Como referencia orientativa: cuanto más ajustado tengas el presupuesto mensual, más pesa la seguridad de la fija. Cuanto más margen tengas para absorber subidas de cuota sin problema, más sentido tiene aprovechar un interés variable inicialmente más bajo.
Sea cual sea el tipo que elijas, puedes estimar la cuota con nuestra calculadora de hipoteca (recuerda que en una variable, el resultado es solo una foto del momento actual).