Antes de invertir o de ahorrar para objetivos concretos, la mayoría de asesores financieros coinciden en un primer paso: construir un fondo de emergencia.
Un fondo de emergencia es una cantidad de dinero reservada exclusivamente para imprevistos serios: perder el trabajo, una avería grande, un gasto médico inesperado. Su función no es generar rentabilidad, sino estar disponible de inmediato cuando lo necesites, sin tener que vender inversiones en mal momento ni pedir un préstamo con prisa.
La referencia más habitual es entre 3 y 6 meses de gastos básicos (no de ingresos): vivienda, suministros, comida, seguros y transporte. Si tus ingresos son muy variables (autónomos, comisiones) o tienes personas a tu cargo, conviene acercarse a los 6 meses o incluso superarlos.
Si tus gastos básicos mensuales son 1.200 €, un fondo de emergencia razonable estaría entre 3.600 € (3 meses) y 7.200 € (6 meses), dependiendo de tu situación laboral y de cuántas personas dependan de tus ingresos.
El fondo de emergencia debe priorizar disponibilidad inmediata y seguridad sobre rentabilidad. Una cuenta remunerada o una cuenta de ahorro sin permanencia son opciones habituales — evita productos donde el dinero quede bloqueado o pueda perder valor justo cuando lo necesites.
Una vez tengas el fondo de emergencia cubierto, puedes calcular cuánto tardarás en alcanzar tu siguiente objetivo de ahorro con nuestra calculadora de objetivo de ahorro.